sábado, 8 de octubre de 2011

Una mirada a Maracaibo


A 482 años de su fundación

Maracaibo, Maara iwo, lugar de serpientes; Maare kaye…lugar frente al mar…Aunque la versión más divulgada y menos sustentada del nombre de la tierra del sol amada… es la de la expresión “Mara cayó”, surgida supuestamente al momento de caer abatido en combate el Cacique Mara.
Lo cierto es que en el año 1965, el Centro de Historia del Estado Zulia, pronunció categóricamente que Maracaibo, fue fundada por primera vez por el alemán Alfinger, el 8 de septiembre de 1529…
Estas líneas las escribimos en el 482 aniversario de Maracaibo. La ciudad que oficialmente fue la primera en ver luz eléctrica en Venezuela, la primera en proyectar películas, la primera en ver despegar un avión…Esa ciudad que Gardel visitó para cantar por última vez en su vida, la misma que recibió a Rubinstein, y artistas de la cultura mundial, es hoy sinónimo de caos, de desidia, de puestas escénicas urbanas de plástico, mientras el mercado convierte en estacionamientos los testimonios de épocas urbanas pasadas; es la ciudad del más doloroso olvido, de la destrucción casi sistemática del patrimonio, de la inseguridad más cruel; es la ciudad del “regionalismo” más indolente y raro, pues no se activa sino para defender a Manuel Rosales y su mediocre forma de decir nuestro emblemático voseo; más nunca para proteger su lago, sus plazas, sus testimonios urbanos de arraigo y memoria.
Estamos entre una dirigencia reaccionaria que ha capitalizado lo más banal de la idiosincrasia en decadencia de un pueblo amansado por el consumismo mayamero; y la ausencia de estrategias para desde la Venezuela Progresista, recoger las claves que aun resguardan la esperanza en los pliegues escondidos de su memoria.
Nos urge asumir cabalmente la Maracaibo de Lossada…si prejuicios, sin caricaturizaciones. Conocerla y hacerla conocer es clave para la seguridad de nuestra Nación en transformación; poner a Maracaibo en la agenda de los asuntos urgentes, buscar la forma de arrancar de las garras del Imperio, sus iconos, sus arquetipos, su rebeldía, su arrojo. Esa ciudad que sigue abatida por la vorágine de la adequidad rosaliana, tiene signos de vida.
Lo que queda de su patrimonio está en ruinas: la Calle Comercio, la Iglesia de Cristo de Aranza, el Paseo Ciencias, la plaza Urdaneta, la Plaza Baralt (hoy convertida en estacionamiento), el Hotel Granada, la casa de Pérez Soto. Debemos sacar de los escombros, la savia del viejo Matapalo que se empeña en seguir vivo frente a la Basílica…pero también la vigencia de nuestros héroes, intelectuales, cultores y cultoras…Urdaneta, Baralt, Calcaño, Lossada, Molero, Aguirre, El Indio Miguel, Chevoche…Como diría Alí, Maracaibo “tiene una historia bonita y abrazada con el lago resiste y la deja escrita, y aunque no le dé su amor el maracaibero de hoy prefiere lanzarla al sol pa' que se queme enterita…
Es hora de asumir desde las fuerzas progresistas no solo de Maracaibo y del Zulia, sino de Venezuela, la tarea de reactivar la esencia de nuestra verdadera gesta; y superar este escollo nefasto del Imperio que a manera de trampa ha instalado sus misiles culturales y financieros en el centro de esta ciudad de sol.

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